miércoles, 26 de agosto de 2020

TECNICAS DE ESTUDIO- COMPRENSIÓN DE TEXTO

 HOLA CHICOS, ESPERO QUE SE ENCUENTREN MUY BIEN, USTEDES Y SUS FAMILIAS.

 LA SIGUIENTE ACTIVIDAD TENDRÁ COMO FECHA DE ENTREGA EL DÍA  01/09

 Deberán leer los capítulos del 20 al 31 y enviar en forma de audio un breve

resumen de cada uno de ellos.. Les dejo algunas opciones para mandar el audio por mail:

-Talk and comment- voice notes (desde la computadora)

- Grabador de voz (desde el celular)

- En caso de no poder enviarme audios, también podrán hacerlo de forma escrita.

sábado, 22 de agosto de 2020

LA CHICA PÁJARO

 HOLA CHICOS, LES DEJO LA ACTIVIDAD SEMANAL, ESPERO QUE COMIENCEN A CONECTARSE VÍA ZOOM LOS QUE AUN NO LO HICIERON, ES MUY IMPORTANTE PARA NUESTRA COMUNICACIÓN.

SEMANA DEL 18 AL 21/08


2)      ACTIVIDAD:  Deberán leer los capítulos del 20 al 31 y enviar en forma de audio un breve resumen de cada uno de ellos.. Les dejo algunas opciones para mandar el audio por mail:

                                                -Talk  and comment- voice notes (desde la computadora)

                                               - Grabador de voz (desde el celular)

LA CHICA PÁJARO

 

Hola chicos! Espero que hayan podido descansar y que hayan regresado con las pilas recargadas para seguir aprendiendo juntos.

Este mes vamos a leer el primer libro: “ La chica pájaro” de Paula Bombara.

SEMANA DEL 10 AL 14/08

Trabajaremos con el libro: “ La chica pájaro” de Paula Bombara.

3)      Leer los capítulos 0 al 18 del libro.

4)      Trabajaremos con una autora contemporánea: Paula Bombara.  Si bien, su trabajo de escritora la ha llevado a escribir ensayos y novelas, nos centraremos en su faceta narrativa. Lo leeremos de manera  particionada y acompañándolo con los ejes que propone la ESI, en este caso en particular, violencia de género.

 

 LA ACTIVIDAD consistirá en lo siguiente:

A)Completar la siguiente ficha:

Paula Bombara

Fecha de nacimiento:   

Nacionalidad:   

Profesiones:     

Acontecimiento histórico que la involucra en primera persona:              

Libros publicados:          

B) ¿Cuál de los libros publicados de la autora, se relaciona con el acontecimiento que le sucedió a ella y a su familia?

Recuerden: 

               -Todas las actividades se copian en la carpeta.

               -Practiquen la organización así no se atrasan ;)

               -Cualquier duda me consultan.

ACTIVIDAD DE CIERRE DE TEMA

 HOLA CHICOS, EST VEZ INTEGRAREMOS LO VISTO, HACIENDO LAS SIGUIENTES ACTIVIDADES.

1)La Publicidad

Indica el nombre de 10 marcas (diez), agrega el eslogan correspondiente a cada una de ellas e  indica qué ofrece.

Ejemplo:

MERCADONET

Del Clic al ring

Ofrece: compras virtuales

 

2)La propaganda

Elaborá una propagandas sobre un tema a elección .


TRABAJO INTEGRADOR DEL MES

 

Hola chicos, espero que esten muy bien!

 

La invitación es realizar alguna publicidad ofertando alguno de los objetos del cuento “La muerta”

Por ej: el cementerio del cuento “La muerta” o el hospedaje en alguno de estos lugares.

·       ¿Qué beneficios obtendrían al contratar sus servicios?

·        ¿Cuáles son las características de este lugar que lo haría diferente a otros?

·       ¿Cuál es el logo que elegirías para esta publicidad?

·        ¿Cuál sería el eslogan indicado?

·       Confeccioná la publicidad.

LA MUERTA. CUENTO FANTÁSTICO

 ¡La había amado desesperadamente! ¿Por qué se ama? Cuán extraño es ver un solo ser en el mundo, tener un solo pensamiento en el cerebro, un solo deseo en el corazón y un solo nombre en los labios… un nombre que asciende continuamente, como el agua de un manantial, desde las profundidades del alma hasta los labios, un nombre que se repite incesantemente, que se susurra una y otra vez, en todas partes, como una plegaria.

Voy a contarles nuestra historia, ya que el amor sólo tiene una, que es siempre la misma. La conocí y viví de su ternura, de sus caricias, de sus palabras, en sus brazos tan plenamente envuelto, atado y absorbido por todo lo que procedía de ella, que no me importaba ya si era de día o de noche, ni si estaba muerto o vivo, en este nuestro antiguo mundo.

Y luego ella murió. ¿Cómo? No lo sé; hace tiempo que no sé nada. Pero una noche regresó a casa muy mojada, pues llovía intensamente, y al día siguiente tosía, y tosió durante una semana, y tuvo que guardar cama. No recuerdo ahora lo que ocurrió, pero los médicos llegaron, escribieron y se marcharon. Se compraron medicinas, y algunas mujeres se las hicieron beber. Sus manos estaban muy calientes, sus sienes ardían y sus ojos estaban brillantes y tristes. Cuando yo le hablaba me contestaba, pero no recuerdo lo que decíamos. ¡Lo he olvidado todo, todo, todo! Ella murió, y recuerdo perfectamente su leve, débil suspiro. La enfermera dijo: “¡Ah!” ¡y yo comprendí! ¡Y yo entendí!

Me preguntaron acerca del entierro pero no recuerdo nada de lo que dijeron, aunque sí recuerdo el ataúd y el sonido del martillo cuando clavaban la tapa, encerrándola a ella dentro. ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Dios mío!

¡Ella estaba enterrada! ¡Enterrada! ¡Ella! ¡En aquel agujero! Vinieron algunas personas… mujeres amigas. Me marché de allí corriendo. Corrí y luego anduve a través de las calles, regresé a casa y al día siguiente emprendí un viaje.

Ayer regresé a París, y cuando vi de nuevo mi habitación (nuestra habitación, nuestra cama, nuestros muebles, todo lo que queda de la vida de un ser humano tras la muerte), me invadió tal asalto de nostalgia y de pesar, que sentí deseos de abrir la ventana y de arrojarme a la calle. No podía permanecer ya entre aquellas cosas, entre aquellas paredes que la habían encerrado y la habían cobijado, que conservaban un millar de átomos de ella, de su piel y de su aliento, en sus imperceptibles grietas. Cogí mi sombrero para marcharme, y antes de llegar a la puerta pasé junto al gran espejo del vestíbulo, el espejo que ella había colocado allí para poder contemplarse todos los días de la cabeza a los pies, en el momento de salir, para ver si lo que llevaba le caía bien, y era lindo, desde sus pequeños zapatos hasta su sombrero.

Me detuve delante de aquel espejo en el cual se había contemplado ella tantas veces… tantas veces, tantas veces, que el espejo tendría que haber conservado su imagen. Estaba allí de pie, temblando, con los ojos clavados en el cristal –en aquel liso, enorme, vacío crista–- que la había contenido por entero y la había poseído tanto como yo, tanto como mis apasionadas miradas. Sentí como si amara a aquel cristal. Lo toqué; estaba frío. ¡Oh, el recuerdo! ¡Triste espejo, ardiente espejo, horrible espejo, que haces sufrir tales tormentos a los hombres! ¡Dichoso el hombre cuyo corazón olvida todo lo que ha contenido, todo lo que ha pasado delante de él, todo lo que se ha mirado a sí mismo en él o ha sido reflejado en su afecto, en su amor! ¡Cuánto sufro!

Me marché sin saberlo, sin desearlo, hacia el cementerio. Encontré su sencilla tumba, una cruz de mármol blanco, con esta breve inscripción:

“Amó, fue amada y murió”.

¡Ella está ahí debajo, descompuesta! ¡Qué horrible! Sollocé con la frente apoyada en el suelo, y permanecí allí mucho tiempo, mucho tiempo. Luego vi que oscurecía, y un extraño y loco deseo, el deseo de un amante desesperado, me invadió. Deseé pasar la noche, la última noche, llorando sobre su tumba. Pero podían verme y echarme del cementerio. ¿Qué hacer? Buscando una solución, me puse en pie y empecé a vagar por aquella necrópolis. Anduve y anduve. Qué pequeña es esta ciudad comparada con la otra, la ciudad en la cual vivimos. Y, sin embargo, no son muchos más numerosos los muertos que los vivos. Nosotros necesitamos grandes casas, anchas calles y mucho espacio para las cuatro generaciones que ven la luz del día al mismo tiempo, beber agua del manantial y vino de las vides, y comer pan de las llanuras.

¡Y para todas estas generaciones de los muertos, para todos los muertos que nos han precedido, aquí no hay apenas nada, apenas nada! La tierra se los lleva, y el olvido los borra. ¡Adiós!

Al final del cementerio, me di cuenta repentinamente de que estaba en la parte más antigua, donde los que murieron hace tiempo están mezclados con la tierra, donde las propias cruces están podridas, donde posiblemente enterrarán a los que lleguen mañana. Está llena de rosales que nadie cuida, de altos y oscuros cipreses; un triste y hermoso jardín alimentado con carne humana.

Yo estaba solo, completamente solo. De modo que me acurruqué debajo de un árbol y me escondí entre las frondosas y sombrías ramas. Esperé, aferrándome al tronco como un náufrago se agarra a una tabla.

Cuando la luz diurna desapareció del todo, abandoné el refugio y eché a andar suavemente hacia aquel espacio de muertos. Caminé de un lado para otro, pero no logré encontrar la tumba de mi amada. Avancé con los brazos extendidos, chocando contra las tumbas con mis manos, mis pies, mis rodillas, mi pecho, incluso con mi cabeza, sin conseguir encontrarla. Anduve a tientas como un ciego buscando su camino. Palpé las lápidas, las cruces, las verjas de hierro, las coronas de metal y las coronas de flores marchitas. Leí los nombres con mis dedos pasándolos por encima de las letras. ¡Qué noche! ¡Qué noche! ¡Y no pude encontrarla!

No había luna. ¡Qué noche! Estaba asustado, terriblemente asustado, en aquellos angostos senderos entre dos hileras de tumbas. ¡Tumbas! ¡Tumbas! ¡Tumbas! ¡Sólo tumbas! A mi derecha, a la izquierda, delante de mí, a mi alrededor, en todas partes había tumbas. Me senté en una de ellas, ya que no podía seguir andando. Mis rodillas empezaron a doblarse. ¡Pude oír los latidos de mi corazón! Y oí algo más. ¿Qué? Un ruido confuso, indefinible. ¿Estaba el ruido en mi cabeza, en la impenetrable noche, o debajo de la misteriosa tierra, la tierra sembrada de cadáveres humanos? Miré a mi alrededor, pero no puedo decir cuánto tiempo permanecí allí. Estaba paralizado de terror, helado de espanto, dispuesto a morir.

Súbitamente, tuve la impresión de que la losa de mármol sobre la cual estaba sentado se estaba moviendo. Se estaba moviendo, desde luego, como si alguien tratara de levantarla. Di un salto que me llevó hasta una tumba vecina, y vi, sí, vi claramente cómo se levantaba la losa sobre la cual estaba sentado. Luego apareció el muerto, un esqueleto desnudo, empujando la losa desde abajo con su encorvada espalda. Lo vi claramente, a pesar de que la noche estaba oscura. En la cruz pude leer:

“Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Amó a su familia, fue bueno y honrado y murió en la gracia de Dios”.

El muerto leyó también lo que había escrito en la lápida. Luego cogió una piedra del sendero, una piedra pequeña y puntiaguda, y empezó a rascar las letras con sumo cuidado. Las borró lentamente, y con las cuencas de sus ojos contempló el lugar donde habían estado grabadas. A continuación, con la punta del hueso de lo que había sido su dedo índice, escribió en letras luminosas, como las líneas que los chiquillos trazan en las paredes con una piedra de fósforo:

“Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Mató a su padre a disgustos, porque deseaba heredar su fortuna; torturó a su esposa, atormentó a sus hijos, engañó a sus vecinos, robó todo lo que pudo y murió en pecado mortal”.

Cuando terminó de escribir, el muerto se quedó inmóvil, contemplando su obra. Al mirar a mi alrededor vi que todas las tumbas estaban abiertas, que todos los muertos habían salido de ellas y que todos habían borrado las líneas que sus parientes habían grabado en las lápidas, sustituyéndolas por la verdad. Y vi que todos habían sido atormentadores de sus vecinos, maliciosos, deshonestos, hipócritas, embusteros, ruines, calumniadores, envidiosos; que habían robado, engañado, y habían cometido los peores delitos; aquellos buenos padres, aquellas fieles esposas, aquellos hijos devotos, aquellas hijas castas, aquellos honrados comerciantes, aquellos hombres y mujeres que fueron llamados irreprochables. Todos ellos estaban escribiendo al mismo tiempo la verdad, la terrible y sagrada verdad, la cual todo el mundo ignoraba, o fingía ignorar, mientras estaban vivos.

Pensé que también ella había escrito algo en su tumba. Y ahora, corriendo sin miedo entre los ataúdes medio abiertos, entre los cadáveres y esqueletos, fui hacia ella, convencido de que la encontraría inmediatamente. La reconocí al instante sin ver su rostro, el cual estaba cubierto por un velo negro; y en la cruz de mármol donde poco antes había leído:

“Amó, fue amada y murió”.

Ahora leí:

“Habiendo salido un día de lluvia para engañar a su amante, enfermó de pulmonía y murió”.

Parece que me encontraron al romper el día, tendido sobre la tumba, sin conocimiento.

Guy de Maupassant (1850-1893)

CUENTOS FANTÁSTICOS

 El cuento fantástico es aquel que, por la suma de elementos reales y de elementos extraños e inexplicables, hace vacilar entre una explicación natural o una sobrenatural y deja al lector sumido en la incertidumbre. Narra acciones cotidianas, comunes y naturales; pero en un momento determinado aparece algo sorprendente e inexplicable desde el punto de vista de las leyes de la naturaleza.

El cuento fantástico respeta las mencionadas condiciones del cuento, es decir, nos propone el relato, la narración de eventos cotidianos, aunque, en un determinado momento del relato se sucederá un hecho fantástico, que escapa a la comprensión de la realidad y que tornará al mencionado cuento en una historia fantástica. Aunque se basa en elementos de la realidad -por ejemplo, un misterio por resolver, un tesoro escondido- presenta los hechos de una manera distinta al modo habitual de ver las cosas, de una manera asombrosa y, muchas veces, sobrenatural. Esta situación provoca desconcierto e inquietud en el lector.

Un relato fantástico se basa en lo irreal y causa un efecto de realidad, por lo que el lector encuentra una lógica a lo que está leyendo. El personaje no distingue lo que es real de lo que es irreal. Dentro de éste género lo imposible es posible. El espacio en el que viven los personajes es ilógico y sigue normas irracionales, como en Alicia en el país de las maravillas. Por la suma de elementos reales y de elementos extraños e inexplicables, hace vacilar entre una explicación natural o una sobrenatural y deja al lector sumido en la incertidumbre.

Clasificación del cuento fantástico

Tzvetan Todorov propuso una caracterización y clasificación tentativa de los relatos fantásticos en tres categorías:

  • Lo maravilloso: se produce cuando frente al hecho sobrenatural se aceptan nuevas leyes de la naturaleza que pueden explicarlo. Toda clase de situaciones mágicas pueden suceder, tal es el caso de los cuentos de hadas como Cenicienta, donde la calabaza se convierte en carroza o el ratón en cochero.
  • Lo extraño: cuando el hecho sobrenatural es explicado a partir de las leyes racionales, naturales o científicas. Lo extraño reside en la experiencia inquietante que se vive cuando algo familiar para nosotros se convierte en desconocido; pero al final, en los cuentos extraños se aclara el error de la quiebra de la realidad.
  • Lo fantástico: se vincula con una ruptura en la trama de la realidad cotidiana; la normalidad se quiebra porque se produce un acontecimiento extraordinario: el acento está puesto en el conflicto que se crea entre hechos reales o que se consideran normales, y hechos que se consideran anormales o irreales. Al finalizar el relato, no sabemos exactamente que ocurre ni si el conflicto esta solucionado. El lector percibe ese fenómeno como inexplicable.
Escena del cuento infantil La Cenicienta

Según los indicios que proporcionan al lector, los cuentos fantásticos pueden clasificarse en:

  • Puros: mantienen la ambigüedad hasta el desenlace. El lector no puede optar por alguna de las posibles explicaciones (racional o sobrenatural).
  • Impuros: son aquellos que presentan en el momento de cierre algún elemento o indicio que orienta al lector a optar por una explicación de tipo sobrenatural para los hechos ocurridos.
  • Extraños: presenta una explicación racional para los hechos sobrenaturales.

Características del cuento fantástico

  • Posee trama narrativa.
  • Existe un elemento
  • Sobrenatural: los elementos sobrenaturales irrumpen en un mundo normal de manera súbita y violenta. Esta irrupción provoca una ruptura, en el mundo reconocible y normal, que ya no vuelve a ser el mismo.
  • Los personajes: los acontecimientos sobrenaturales les ocurren a personajes que encarnan personas comunes y corrientes.
  • El escenario: el lugar es muy importante, dado que un escenario bien caracterizado condiciona todo un relato.
  • La participación del lector: es necesario un lector cómplice, que acepte los hechos y suspenda momentáneamente su incredulidad.

Recursos del cuento fantástico

Conjuro mágico que abría la puerta a la tierra encantada de Simsalá, el lugar donde los personajes de los cuentos fantásticos vivían en realidad. ¡¡¡Abracadabra Simsala Grimm!!!

El cuento fantástico utiliza varios recursos que contribuyen a que los hechos no se expliquen racionalmente. Habitualmente se emplean los siguientes:

  • El punto de vista subjetivo del narrador, a menudo centrado en el protagonista: el empleo de la primera persona del singular es frecuente.
  • La imprecisión en los nombres, y en las características de los personajes; la descripción suele contener numerosos adjetivos abstractos.
  • La impresiones y confusiones espacio-temporales, lo que otorga una atmósfera de irrealidad.
  • La presencia de estado de alucinación o sueño de los personajes: es frecuente encontrar situaciones que rompen los límites entre lo real y lo irreal, así como referencias a sucesos inverosímiles o increíbles.